martes, 18 de octubre de 2011

LXXXIII

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-Gentileza, Sensei Gerardo Pimentel-

jueves, 29 de septiembre de 2011

LXXXI


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LXXX


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miércoles, 28 de septiembre de 2011

LXXIX

Estimado amigo:

Desde el comienzo intuí que Zazen es poderoso (¿o poderosa?)

Siempre uno puede, en cualquier circunstancia,
elegir sentar y concentrarse en la postura y la respiración.

Hace poco vi un documental del canal
Encuentro del Ministerio de Educación.
Mostraba un futuro a cientos de años en que
gigantescas naves-ciudades llevarían
poblaciones de colonos que se reproducirían en viaje
y llegarían a destino los descendientes
de aquellos que partían de la tierra.

¿Qué conservará el ser humano de su esencia profunda
 -junto a la formidable tecnología-,
en esos probables tiempos?

Quizá ¿Por qué no?, Zazen.
La práctica del Zen.
Imaginé un hombrecito sentado perfecto,
armonizado en la postura y respiración,
de cara a un gran cielo espacial…
Solo, fuerte, sabio, verdaderamente poderoso…
¿religado con Dios?

Zazen es,
como dirían nuestras abuelas,
un auténtico tesoro.
Quizá lo único que tenemos y no nos pueden quitar.
Zen es Zazen, es práctica.
La práctica de la iluminación, del Satori, del despertar.
Del darse cuenta lo que aquí y ahora
es justo y necesario hacer.

Recientemente accedí gracias a mi querido amigo,
el Rev. Ricardo Dokyu, Monje Budista Soto Zen,
a escritos fundamentales de Dogen.
No me alcanzará la vida para agradecer ese descubrimiento.

También tuve oportunidad de conversar mucho
con Sensei Hideo Tsuchiya.

Ambos, cada uno en lo suyo, auténticos sabios,
insisten en lo mismo:
la práctica y la guía de un verdadero maestro.

En Zen, sentar, sentar, sentar…
Y la guía de un maestro.

En Karate, practicar, practicar, practicar…
Y la guía de un maestro.

Amigo mío, maestros en Argentina, son escasos.
Cruel destino el nuestro.
Solo nos queda sentar, sentar, sentar.
Y practicar, practicar, practicar.

Quizá tanta tozuda prepotencia,
nos deje mejor entrenados para una próxima vida… Jajá.
Y entonces podamos cerrar el círculo
de la práctica y de la guía magistral.

No es fácil en soledad, insistir en la práctica.
Yo me reconozco flojo.
Pero vos tenés ese don
para sentar en la intimidad y seguir creciendo.
No lo pierdas.
En el último aliento, será la puerta.
No es poco, para una vida.

Un fuerte abrazo, amigo.

Claudio Veiga,
en Santos Lugares, Conurbano Bonaerense, 
enero de 2011.

Disculpá que no escribí manual.
Pero mi cerebro y mi mano, se comportan ya como dos extraños.

LXXVIII


Amigo J.:

El viejo Suzuki dice que
“Zen es el sistema de la disciplina moral,
construido sobre los cimientos del Satori”,
es decir, de la iluminación, del despertar.

Esta certeza suya,
que Zen es en esencia una ética para Ser en la vida,
es lo que mas me sedujo de su poderosa obra.

Nos está diciendo que Zen,
por la vía de Zazen,
agregamos nosotros,
da como resultado mejores personas,
o no sirve para nada.

Pero Zen no propone una ética enciclopédica.
Zen simplemente dice,
hacer lo que aquí y ahora es justo y necesario.

Invita a la conducta valiente.
Sugiere coraje para asumir la responsabilidad de decidir
en un instante y un lugar,
la actitud correcta, lo que corresponde hacer.
Pero no en base a dogmas, filosofías, religiones,
creencias, moral establecida, supuestas buenas costumbres,
autoridad terrena o celestial...
No, en base a la propia intuición,
refinada por Zazen,
por la práctica consecuente del Zen
que talla seres humanos auténticamente libres.

Zen y libertad,
o Zen y liberación,
son uno para Suzuki.
Dice “El Zen es una disciplina para la iluminación.
Iluminación significa emancipación.
Y emancipación no es otra cosa que libertad
(…)
La libertad real es el resultado de la iluminación”.

J., hay que sentar.
Sentar, sentar y sentar.
Es el único camino.
Y la meta es el camino,
decía otro gran maestro,
pero de karatedo.

¿Tendremos el coraje de transitarlo disciplinadamente?

Un abrazo.

Claudio Veiga,
en Santos Lugares,
Conurbano Bonaerense.
Enero de 2011.


LXXVII

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